La Greca

'La Greca', una torera nacida en Bilbao

Olivia Martínez con su hijo Ricardito.
Olivia Martínez con su hijo Ricardito. / Archivo








  • Olivia Martínez fue novillera, bailaora y cantante de flamenco. Es la única bilbaína que figura en la nómina de mujeres toreras, aunque no la única vasca

  • ITSASO ÁLVAREZ (17 febrero 2015)

  • De cada 10.000 jóvenes que sueñan con ponerse un traje de luces, tal vez sólo uno o dos llegan a matador de toros de éxito. Hoy no podemos decir ni siquiera que haya habido ni mil mujeres toreras en la historia y de esa pequeña cifra, sólo han salido seis matadoras de toros: Juanita Cruz, Bertha Trujillo 'Morenita de Quindío', Raquel Martínez, Maribel Atienzar, Cristina Sánchez, Mari Paz Vega, y otras tantas que lograron hacerse un hueco en esta difícil profesión como Conchita Cintrón y la bilbaína Olivia Martínez Alonso de Liaño. Olivia Martínez, la quinta hija de Emilio Martínez Herrero y Mauricia Alonso, nació el 6 de mayo de 1937 –al mes siguiente entrarían las tropas de Mola en la capital vizcaína–. Faltaban aún unos cuentos años para que, primero París y luego todo el mundo la conociera como 'La Greca', famosa cantante y bailarina y pionera del toreo femenino español. Además de matadora de novillos, Olivia Martínez Alonso de Liaño fue bailarina de flamenco y cantaora. Se la conoce en la historia del arte flamenco con este nombre artístico porque empezó a bailar en Grecia.

Vivió desde niña en Francia. A los nueve años actuaba en el ballet de la Ópera de París y ganó un primer premio de baile clásico en el Conservatorio de la capital francesa. Allí se codeó con los artistas más famosos del momento, como Joséphine Baker o Edith Piaf. Después de actuar por toda Europa y Oriente Medio, vino a España tras triunfar en el Olimpia de París, y en 1961 se presentó con su grupo en la Sala de Fiestas York Club de Madrid, para después hacerlo en el Teatro Cómico, llevando en su elenco a Angelillo de Valladolid, El Tupé, Cascabel de Jerez, Carlos España, Currillo y El Caracol. Igualmente debutó en Barcelona. Al año siguiente bailó en Cannes con motivo del tradicional festival cinematográfico, tras regresar de una gira por América, para más tarde iniciar en Zaragoza una serie de actuaciones por la geografía española 'Baile de fuego', título de su espectáculo en 1963. Inició una gira internacional en 1964 en Bruselas, desde donde pasó a México, bailando siete semanas consecutivas en el Teatro Blanquita, para luego hacerlo en el Teatro Colon de Bogotá y en otros de Colombia, hasta su presentación en Japón. De nuevo en América recorre Perú y Ecuador. En este continente participa en unas veintitantas novilladas y, al mismo tiempo creó su espectáculo de baile titulado 'Bulerías'.
Estuvo casada con Ricardo Liaño Gil, español de Barcelona, nadador, clavadista, boxeador, esquiador, doble cinematográfico, bailarín, coreógrafo, periodista, y productor de espectáculos deportivos y artísticos y hermano de la famosa anarquista Conchita Liaño. Ricardo Liaño fue el encargado de transformar a 'La Greca' en una artista mundialmente conocida, pero su desorbitada ambición acabó dando al traste con el matrimonio y se divorciaron. Olivia Martínez se enamoró entonces del guitarrista del grupo musical que la acompañaba. Siguió actuando en todo el mundo y toreando en México, Colombia y Perú. Llegó a hacer el paseíllo con toreros famosos como Manuel Benítez 'El Cordobés'. Se conservan algunas crónicas que hablan de la fascinación que despertaba 'La Greca' dentro y fuera del ruedo. Algunas llevan como titular 'Una torera vasca'. Dicen de ella: "Bajita, menuda, ojos verdes, cabello ligeramente acanelado, tez blanca, nariz recta, firme en el andar, en su figura de mujer es completísima... Las cejas tan depiladas como las de Marlene Dietrich y de una agilidad en los movimientos que sería inútil jugar 'gambettas' con ella, a no ser Johnny Weismuller, el conocido tarzán. Además, amiga de los exotismos, incluido Manuel Benítez, 'El Cordobés', el torero a quien más admira".
Cartel de un concierto de Olivia Martínez en 1965.
Cartel de un concierto de Olivia Martínez en 1965. / Archivo
Y continúan: "En las canciones francesas tiene el estilo melodramático de la Edith Piaf... A veces tiene también algo del cupletismo de una Raquel Meller, de una Simone Simonet, por ejemplo (…) La rudeza de sus caídas es seguramente lo más personal, acrobáticamente, no solo porque logra absoluta impresión de realidad, sino porque fue con estos temas con los que ha sufrido tres accidentes graves, como lo son la luxación de codo derecho, la serísima herida craneana y desgarraduras en los tendones del pie derecho". Además, hablan de su vida más casera: "Dedica las escasas horas libres a darse sus gustos en cocinar sus propios alimentos, en proyectar y coserse sus trajes (…) Seguramente el sitio donde menos ha vivido es el puerto de Bilbao, donde nació". Y de su catolicismo y de una promesa que cumplió durante unos años y que la llevó a vestir de negro una larga temporada: "Hace tres años, por un motivo muy de su vida privada, juró a la Virgen del Pilar vestir un hábito por cinco años, a cambio de cierto favor. Pero, como siendo artista no le quedaba bien llegar a cabarets, grilles, fiestas y otros sitios llevando tal indumentaria, recurrió a un sacerdote, quien entonces convino en que, después de rezar ciertas oraciones, llevara en penitencia el tarje masculino cordobés, pero jamás en colores vistosos".
En un reportaje periodístico sobre una de sus corridas, el periodista define a Olivia Martínez como "la madre de los niños de América", tras debutar en Colombia en la Placita de don Fermín Sáenz de Santamaría con ganadería de Mondoñedo, y donar su recaudación, 5.000 dólares, al Patronato del Niño. En esa época toreó durante seis meses en varias plazas ante 20.000 personas, cortó varias orejas y rabos, tuvo que dar varias vueltas al ruedo y se llevó más de una gran ovación. Según recuerda Juanjo Romano en el periódico 'Bilbao', Olivia Martínez 'La Greca' es la única bilbaina que figura en la nómina de mujeres toreras, aunque no la única vasca. Ahí habría que consignar a la novillera navarra Mari Cruz, apellidada Gómez Ayarra, que en 1963 se tiró de espontánea al ruedo de Las Ventas; la alavesa Juana Bericoechea, que fue picadora y rejoneadora, además de novillera; la pamplonesa Cecilia Sanz Guruciaga, o la banderillera Javiera Vidaurre.



N A C I Ó durante la guerra civil, mientras los aviones de la Legión Condor bombardeaban Bilbao y sus líneas defensivas. Fue el 6 de mayo de 1937 –al mes siguiente entrarían las tropas de Mola en la capital vizcaina– y la bautizaron como Olivia Martínez. Faltaban aún unos cuentos años para que, primero París y luego todo el mundo la conociera como “La Greca”, famosa cantante y bailarina y pionera del toreo femenino e s p a ñ o l . Niña precoz, a la edad de quince años ya era primera bailarina de la Compañía de Baile Clásico de París. Más tarde, con sus hermanos Juan Martínez “El Payo” y Emilio Martínez, formaron el trío “Los tres Martínez” y trabajaron con mucho éxito en el Moulin Rouge el famoso cabaret tradicional parisino, situado en el barrio rojo de Pigalle, que fuera construido en el año 1889 por el catalán Josep Oller, que también era propietario del París Olympia. Allí Olivia se codeó con los artistas más famosos del momento como Joséphine Baker o Edith Piaf. En esas estaba cuando conoció a Ricardo Liaño que la transformó en una artista mundialmente conocida como “La Greca”. Olivia Martínez tenía entonces solamente 16 años. Recorrieron el mundo durante 15 años con un espectáculo en el que “La Greca” bailaba, cantaba, tocaba la guitarra y toreaba en numerosas plazas de toros de Sudamérica. Av e n t u re ro Ricardo Liaño Gil había nacido en La Habana y tenía alma de aventurero. A los 16 años ingresó en las fuerzas republicanas para luchar contra el ejército franquista, siguiendo el ejemplo de su hermana, la famosa anarquista Conchita Liaño. A los 18 volvió del exilio y se hizo franquista. A los 20 intentó cruzar a nado el estrecho de Gibraltar. Aunque no lo logró, la hazaña le ayudó a conseguir un pasaporte con el que emigró a Francia, donde vivía su hermano el famoso Pedro de Córdoba, catalogado por la crítica como el “Picasso de la Danza”. En sus giras con “La Greca” aprovechó contactos que hacía para desarrollar actividades paralelas, como corresponsalías para agencias de prensa, representación de artistas internacionales y producción de espectáculos. Y mientras “La Greca” se presentaba durante temporadas enteras en Tokio, Buenos Aires o Ciudad de México, Ricardo recorría el mundo atendiendo sus innumerables negocios, llevando un lujoso e insostenible estilo de vida que tarde o temprano tenía que entrar en c r i s i s . Tuvo problemas con la mismí- sima Iglesia Católica Española por utilizar con fines comerciales un icono religioso: la “Cruz Magnética VITAFOR”, una joya con presuntas propiedades curativas. Luego Ricardo orientó sus esfuerzos a convertirse en un importante promotor de boxeo. La película Un hombre apart e, dirigida por Bettina Perut e Ivan Osnovikoff , relata una parte de su historia. D i v o rc i o Antes de que Ricardo Liaño se hiciera millonario y se arruinara por enésima vez, la bilbaina Olivia Martínez “La Greca” ya estaba harta de tener un marido aventurero. Se enamoró del guitarrista del grupo musical que la acompa- ñaba en su espectáculo y le pidió el divorcio a Ricardo. Éste, por despecho, le dijo que se metiera los ahorros y todo lo que tenían por donde mejor le cupiera y se volvió a España, sin un solo dólar, a vivir nuevamente a la casa de su madre. Entretanto, “La Greca” siguió actuando en todo el mundo y toreando en México, Colombia y Perú. Llegó a hacer el paseíllo con toreros famosos como Manuel Benitez “El Cordobés”, convirtiéndose en pionera mucho antes de que otra “vedette” del espectá- culo como Alicia Tomás irrumpiera en los cosos taurinos. Ta mbién Alicia había cosechado triunfos en el escenario de un “Molino”, pero era el más modesto barcelonés . Olivia Martínez “La Greca” es la única bilbaina que figura en la nómina de mujeres toreras, aunque no la única vasca. Ahí habría que consignar a la novillera navarra Mari Cruz, apellidada Gómez Ayarra, que en 1963 se tiró de espontánea al ruedo de Las Ve n t a s ; la alavesa Juana Bericoechea, que fue picadora y rejoneadora, además de novillera; la pamplonesa Cecilia Sanz Guruciaga, o la banderillera Javiera Vi d a u r r e. (Juanjo Romano en el periódico Bilbao)










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