Clan McCartney

El impenetrable clan McCartney

Paul ejerce de líder de una empresa familiar en la que se comparten contactos y reparten trabajos

Mary triunfa como fotógrafa, Stella con sus diseños y solo James se dedica a la música. Está por ver cómo encajará la hermana menor, hija de Heather Mills


Paul McCartney, en primera fila en la pasarela de su hija Stella. / PATRICK KOVARIK (AFP)

Todas las familias felices se parecen entre sí, escribió León Tolstoi en la repetidísima primera frase de Ana Karenina. Todas menos los McCartney. Un clan feliz pero sin duda fuera de lo común, empezando por el hecho de que no hay muchas familias que cuenten con un exBeatle como patriarca. Además, en el reducido y enrarecido mundo de los linajes célebres, no es habitual que los hijos se liberen de la losa de su famoso apellido (o sepan utilizarlo con habilidad) para labrarse una sólida reputación, es el caso de Stella McCartney, de 43 años, y su reconocida faceta de diseñadora. Este es un clan tan unido como impenetrable, que demuestra incluso en ocasiones una forzada normalidad. El clan McCartney lo componen los tres hijos del cantante británico con su fallecida esposa Linda —Mary, Stella y James—, además de la poco mediática Heather, hija de Linda de una relación anterior que fue adoptada por Paul. Beatrice, de 11 años, es la menor, fruto del matrimonio —de solo cuatro años— del intérprete con la exmodelo Heather Mills, y aún está por ver cómo encajará en la dinámica de sus hermanos mayores.
A sus 72 años, Paul McCartney no es un tipo que se fije demasiado en la moda, ni siquiera se caracteriza por vestir con particular cuidado. Sin embargo, es uno de los habituales de la primera fila de los desfiles de París. Aparece por allí para mostrar su apoyo a su hija Stella, diseñadora de la firma que lleva su propio nombre. También acude a las presentaciones organizadas por su yerno, Alasdhair Willis, como director creativo de Hunter, la marca de botas de agua. El beatletampoco tiene especial interés por alternar en fiestas de artistas. Pero si su primogénita Mary, fotógrafa de profesión, presenta un libro o inaugura una exposición allí estará sin falta sir Paul, del brazo de su tercera esposa Nancy sonriendo y mostrando su repertorio de muecas a los fotógrafos.
Más allá de acompañar cual madre de folclórica, McCartney ejerce como el cabeza de un clan que funciona como una empresa familiar en la que se comparten contactos y reparten trabajos. En sus relaciones, aunque estrechas, está muy presente lo profesional. Mary es la encargada de la división de fotografía de MPL Q1ZCommunications, el conglomerado que reúne los intereses comerciales de Macca y que gestiona los derechos de música compuesta por McCartney y otros artistas. La fotógrafa también ha realizado campañas de publicidad para su hermana Stella. La diseñadora a su vez confeccionó el vestuario del ballet con música compuesta por Paul, Ocean’s Kingdom, que fue representado por el New York City Ballet —y fue despedazado por la crítica—. James, el varón y el único que se dedica a la música, y Paul tocan instrumentos en sus respectivos discos en solitario. Y así podríamos seguir llenando párrafos con esta red de colaboraciones y proyectos conjuntos.
Paul McCartney con sus hijas Mary y Stella. / DAVE M. BENETT (GETTY IMAGES )
Tom Doyle es un periodista musical escocés que entrevistó a Paul McCartney en 2006, justo antes de su millonario divorcio de Heather Mills. McCartney, animado por el sentido del humor de Doyle, accedió a que no se quedara en un solo encuentro y a seguir conversando con el periodista. Estas charlas resultaron en el libroMan on the run: Paul McCartney in the 70s que se centra en las horas más bajas del artista, cuando los Beatles se habían desintegrado y nadie lo sabía. “Paul había perdido el mejor trabajo del mundo. Se había recluido en una granja de Escocia, no conseguía levantarse por las mañanas y estaba deprimido. Fue Linda la que lo sacó de la cama, gracias a ella volvió a hacer música”. Llevaban casados apenas seis meses. Linda ejerció una influencia positiva desde el principio y sentó los cimientos de la dinámica familiar. Fue un pilar y un elemento normalizador en la desquiciada vida de los miembros de un grupo que creía ser más famoso que Jesucristo. Ella contribuyó a que los niños estudiaran en un colegio público y se criasen en el ambiente bucólico de una granja ecológica, con ovejas, caballos y un huerto, del condado inglés de Sussex. Casi 17 años después de su muerte por cáncer de mama, sigue muy presente, tanto que James ha tardado años en superar su ausencia, que desencadenó una adicción a las drogas ya superada. Los hermanos continúan siendo vegetarianos en honor a su madre, que les transmitió su amor por los animales. Paul, Mary y Stella además promocionan la iniciativa Meat Free Mondays para fomentar una dieta menos carnívora. El estilo natural y excéntrico de Linda aparece a menudo en detalles de las colecciones de Stella, y transmitió su pasión por la fotografía a Mary. “A Linda la trataron con mucha dureza por haberse casado con Paul, pero era una mujer muy fuerte”, explica Doyle por teléfono. “Sus hijos han heredado esa fortaleza”.
Imagen de Paul McCartney junto a su esposa Linda y sus hijos en abril de 1976. / DAVID MONTGOMERY (GETTY IMAGES)
Los McCartney son una piña y se mueven como una manada o una troupe de artistas, como cuando se marchaban juntos de gira con Wings, la banda que compartían Paul y Linda en la década de los setenta. “Paul me dijo que viajaban como una panda de gitanos”, recuerda el periodista. Como este apunta, existe una foto de la época que inmortalizó a la prole de gira. Un Paul con greñas toca el bajo mientras Mary, entonces una niña curiosa con vestido de lunares, escucha atentamente. Linda lleva puestos los auriculares y Stella da cuenta de su comida en una bandeja. Sólo si uno se fija atentamente percibe que la imagen fue tomada en un jet privado. Viajaban como cíngaros, pero a lo grande. “Durante los años sesenta Paul tuvo como familia a los Beatles, y posteriormente su mujer e hijos se convirtieron en sus compañeros de gira. Es un padrazo al que le gusta mucho ocuparse de los suyos. Aún hoy sigue organizando su giras de manera que pueda para pasar tiempo con ellos”, recalca Doyle.
James McCartney, hijo de Paul. /CORDON PRESS
Esa imagen de familia perfecta sólo se ha resquebrajado en una ocasión, cuando Paul se casó con Heather Mills, una modelo y activista que había perdido una pierna en un accidente. Los hijos de Linda nunca aceptaron que ella entrara en su vida cuatro años después de la muerte de su madre. Consideraban que la segunda esposa de su padre era una oportunista, una mentirosa y una cazafortunas. Stella en particular. La diseñadora se negaba a realizar donativos a las organizaciones solidarias que presidía la modelo y muy a regañadientes le concedía un mero 10% de descuento en los artículos de su firma. Mills declaró en varias entrevistas que las presiones de Stella, a la que definió como malvada y celosa, terminaron rompiendo la relación que se acabó a los cuatro años. Fue uno de los divorcios más caros del mundo de la música, con el agarrado de Paul pagando a su ex unos 31 millones de euros. Aunque James ha admitido en la prensa inglesa que nunca le gustó Heather, los hermanos evitan criticarla por respeto a la pequeña Beatrice.
Paul junto a su esposa Nancy Shevell, su hija Stella McCartney y le editora de Vogue USA Anna Wintour. / DAVID M. BENETT
La tercera mujer de Paul, la empresaria Nancy Shevell, ha encajado mejor en esta tribu tan bien avenida. Al contrario que Heather Mills, esta heredera de un magnate del transporte, procede de un ambiente acomodado. Se conocieron en los Hamptons, donde ambas familias veraneaban, y padeció cáncer de mama al mismo tiempo que Linda. Los retoños la adoran desde siempre. Eso es garantía de un feliz matrimonio en el clan McCartney.

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