El álbum blanco



¿Es el White Album el mejor disco de los Beatles?

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THE BEATLES
La pregunta en sí, capciosa, encierra una trampa y carece de sentido. Todos los discos de los Beatles son el mejor disco de los Beatles, por lo menos para alguien: siempre habrá algún acérrimo fan que defenderá hasta la muerte el disco X como el mejor disco de los Beatles, porque para él tiene un significado especial. Con eso basta. No hay que buscar más justificación. Además mejor o peor son términos que no se deberían aplicar a los Beatles. No les hace justicia. Aunque la música, como sabemos, sea una disciplina subjetiva, emocional e impulsiva, y los Beatles, el campo de batalla más feroz de las subjetividades, tanto a favor como en contra. Porque con los Beatles pasa algo que no ocurre con ningún otro grupo más de la historia: hasta sus máximos detractores se tienen que rendir ante la evidencia para reconocer la importancia y el legado universal de los cuatro de Liverpool. La música de los Beatles ha llegado a todos los confines del mundo y ha influido a generaciones enteras —abuelos, padres, hijos—, a músicos de diversas procedencias, lenguas y religiones, hay un sinfín de discos tributo a los Beatles en clave de salsa, de jazz, de música clásica, de reggae, de soul, de rumba (or mai lovin lailo lailo la)… de cualquier estilo y vertiente que uno pudiera imaginar. Todo ritmo, melodía o letra beatle es material sensible, susceptible de ser adaptado. Han inspirado libros, películas, obras de teatro, anuncios… Posiblemente haya pocas canciones de los Beatles que no hayan sido versionadas por alguien. Muy pocos grupos pueden decir eso de su catálogo. La beatlemanía fue el preludio de la globalización. Ya lo dijoLennon: «Somos más grandes que Jesucristo». Sensibilidades religiosas aparte, no le faltaba razón, aunque tal afirmación no le salvase de la quema. Literal. En Estados Unidos grupos conservadores empezaron a quemar discos de los Beatles como represalia. En el fondo sabían que en el siglo XX (aún en el XXI) la figura de los Beatles lucía más fuerte y brillante que cualquier otro líder generacional. Por eso es capaz de ensombrecer cualquier crepitar de llamas; por eso los Beatles despiertan pasiones tan dispares. Es tan fácil odiarlos como amarlos.
No obstante, aquí no estamos para azuzar fuegos, avivar polémicas o promover proselitismos fanáticos, sino para analizar su legado y establecer las pautas que permitan valorarlo en términos estéticos y también históricos. Los Beatles son lo que son y la historia les ha puesto en su lugar por algo. Ese algo no son sus declaraciones o sus excentricidades —que las hay—, sino las canciones, su música, sus melodías, sus letras… También sus discos, por supuesto, su rupturista visión del concepto álbum, más allá de una colección de canciones. De todos los discos de los Beatles, si hay uno que refleja con mayor nitidez sus convulsas dilogías (amor-odio, genialidad-bazofia, amistad-rivalidad, cariño-rechazo, pasión-despecho), ese es el White Album oThe Beatles a secas, ya que en realidad no tiene título y es conocido popularmente como el Disco blanco, por su portada minimalista. El disco, controvertido y polémico, funciona como un laboratorio experimental de ideas, donde cada uno de los científicos de bata blanca —a saber, John, PaulGeorge, incluso Ringo— potencia más que nunca sus individualidades subjetivas para combinar diferentes probetas que den con la fórmula mágica. Grabado entre el 30 de mayo y el 18 de octubre de 1968, lanzado el 23 de noviembre del mismo año, es el primer disco de la historia ideado por cuatro artistas en solitario dentro de una banda. Desde la vuelta a las raíces delblues o del rock and roll primitivo a los devaneos heavies, el folk-rock, el ska, el country, el punk, el soul, el jazz, hasta la música electrónica y la vanguardia están presentes en el Disco blanco. Reúne todos los géneros derivados del rock en el pasado y que tendrán importancia a partir de ese momento. Esa es su grandeza y tal vez su perdición. Lanzar un álbum doble, hasta la fecha, constituía una osadía. Lennon mismo lo reconocía: «Es complicado incluir la música de tres tíos en un álbum, por eso grabamos uno doble». George Martin, el ínclito productor de los Fab Four, por el contrario, siempre confesó que el Disco blanco hubiera funcionado mucho mejor como álbum sencillo en lugar de como doble de treinta canciones. Pero por aquel entonces la opinión de Martin tenía un peso relativo en los Beatles, más dispuestos a escuchar sus egos y vanidades que los consejos ajenos. Aun así se esforzó en ordenar de manera hábil tal galimatías. Curiosidades de la vida: sin contar con las recopilaciones, es el disco más vendido de los Beatles.
Meditación y autodestrucción
Como se sabe, la mayoría de las canciones fueron creadas en la India, en el retiro espiritual de Rikhikesh junto al Maharishi Mahesh Yogi. Los cuatro Beatles, acompañados de sus parejas y de otros amigos ilustres como el cantautor folk Donovan o la actriz Mia Farrow, se dedicaron durante semanas a meditar, dormir, comer y, por supuesto, componer. Allí no pudieron llevar amplificadores ni guitarras eléctricas, ni pianos, solo las acústicas. Muchos de los temas del Disco blanco presentan esa desnudez de ornamentación tan pura como bella. Donovanles enseñó la técnica del finger-picking, un tipo de arpegio característico del folk, fundamental para entender piezas como «Julia» o «Blackbird». Componer con la guitarra y no con el piano, como ocurrió en Sgt Pepper, dotó al cuarteto de una sonoridad distinta, más limpia y directa, sin la capa de arreglos de discos precedentes. La estancia en la India fue como un largo campamento de verano: experimentaron con las drogas, asistieron a las charlas del Maharishi y se tomaron un respiro de su propia leyenda, ya en construcción. Sin embargo, esa pretendida y artificial distancia no pudo disimular las tensiones. Quizá las incrementó. Ringo fue el primero en volver a Londres: no soportaba la comida india, en especial el curry. Una semana después lo hizo McCartney, cansado de tanta meditación. Los últimos en regresar fueron Lennon y Harrison, los más atraídos por las enseñanzas del Maharishi, aunque con cierto desencanto, ya que, según parece, el gurú religioso intentó propasarse con algunas mujeres de la expedición. Era la primera vez en toda su carrera que una actividad que empezaron juntos la terminaron separados. Fue sintomático de que algo grave ocurría. De nuevo en Londres, se les veía de mal humor, sin hablarse entre ellos, tratando despectivamente a la gente de su entorno. La descomposición se manifestó durante las sesiones de grabación: se realizaron en tres estudios diferentes, y en lugar de trabajar en equipo como antaño, cada beatle utilizó al resto como músico de sesión. El principio del fin…
Además, tres factores decisivos marcaron el contexto del álbum. En primer lugar, la muerte de Brian Epsteinen agosto de 1967, el manager de la banda y amigo de la infancia, que servía como catalizador de egos, especialmente entre Lennon y McCartney. A partir de ese momento las rencillas personales afloraron con más frecuencia e intensidad. En segundo lugar, el nacimiento de la compañía Apple Records: los Beatles se embarcaron en el negocio discográfico, que ni conocían ni sabían manejar; de hecho, el Disco blanco sería el primero que lanzaron con el nuevo sello. La actividad empresarial acabaría por desbordarles, en todos los sentidos. Por último, y no menos importante, la presencia de Yoko Ono en las sesiones de grabación, rompiendo una regla no escrita de que las parejas se mantenían al margen de las cuestiones musicales, algo que terminó por resquebrajar la frágil armonía de los cuatro Beatles. John Lennon quería dirigir al grupo hacia una especie de rock nihilista que terminara para siempre con la imagen pop de los Beatles. Yoko Ono representaba esa visión. John no se separaba ni un instante de ella, incluso llegó a instalar una cama en el estudio. Aunque apenas hablaba, Yoko se permitió el lujo de dar opiniones sobre algunas de las canciones. La paciencia del resto de Beatles se agotó, sobre todo la del metódico y perfeccionista Paul McCartney. La mayor dupla creativa delrock se resentiría.
Al mismo tiempo, tras la muerte de Brian Epstein, McCartney se erigió como líder natural de la banda no solo en los aspectos musicales, sino también en los financieros. George Harrison, por su parte, fascinado por su experiencia en la India, se vio en medio del fuego cruzado y salió airoso como pudo, aportando algunas de las canciones más aplaudidas de su carrera. Algo que no sucedió con Ringo Starr, quien dejó temporalmente el grupo durante la grabación. Harto de los desplantes y críticas por su forma de tocar la batería, decidió tomarse unas vacaciones. Cambió de opinión cuando sus compañeros le llamaron diciéndole que era el mejor batería del mundo. De vuelta al estudio se encontró el instrumento rodeado de flores a modo de bienvenida, una idea de McCartney, que por otro lado había aprovechado para grabar él mismo algunas baterías, como por ejemplo la de «Back in the USSR». Pasó igual con Geoff Emerick, el fiel ingeniero de sonido de toda la vida, responsable de discos como Sgt. Pepper, que tampoco pudo aguantar las tensiones y abandonó el barco en la sesión de «Ob-La-Di Ob-La-Da». Hasta el templado y conciliador George Martin se fue de vacaciones forzosas en plena vorágine. Los Beatles estaban en un turbulento proceso de autodestrucción. Cualquier banda habría firmado su epitafio final en esas circunstancias, pero paradójicamente ellos consiguieron sacar belleza del caos. Y eso que el reto tenía varios frentes abiertos.
Superar el Sgt. Pepper
Sgt. Pepper se convirtió en el álbum de la década o quizá del siglo. Era innovador, contenía unas canciones geniales, era un placer escucharlo y me alegro de haber participado en él, pero creo que el Álbum blanco es mejor. (Ringo Starr).
Pocos son los críticos que no hayan utilizado alguna vez la manida coletilla del «disco más influyente de todos los tiempos» para referirse al Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, editado en 1967, tras la inusitada decisión de no volver a tocar más en directo. El Sargento Pimienta fue sin duda un punto de inflexión en la carrera de los Beatles. Desde la perspectiva de la innovación sonora, puede que se trate de su disco más arriesgado, pero a nivel compositivo hay una cierta uniformidad por parte de los analistas en situarlo por debajo de predecesores como Revolver o Rubber Soul. Tras el fallido intento televisivo de Magical Mistery Tour, que recibió algunas de las críticas más feroces de toda la carrera de los Beatles, el grupo se encontraban en una compleja encrucijada: cual Saturno devorando a su hijo, el Sgt Pepper podría convertirse en el disco que fagocitara a sus creadores para siempre, o bien ser el impulso necesario para seguir creciendo. Afortunadamente se dio esta segunda opción y afrontaron su última etapa con alguno de los momentos más memorables de toda su discografía. Por todo esto, el Disco blanco fue concebido como la antítesis del Sgt Pepper: crudeza, urgencia y poco refinamiento como si quisieran expulsar algo de su interior con vehemencia.
A oídos del oyente de la época, el Disco blanco se presentaba como un batiburrillo desigual de ideas, tan sorprendente como excesivo, tan descabellado como inspirador, con pistas ocultas, variedad de registros, excentricidades y genialidades varias, difícil de digerir en una primera escucha pero con una desbordante recompensa final. Para el oyente actual, es un ejercicio contracorriente, ya que se debería escuchar de arriba abajo, en el orden original que sus creadores lo dispusieron, para saborear las atmosféricas intersecciones, las canciones fantasma y apreciar una obra que, a pesar de su complejidad, sobrevive maravillosamente al paso de los años. A medida que avanzan las canciones, los Beatles muestran quizá la paleta de colores más amplia y fascinante de toda su producción. Onírico, mágico, misterioso, magnético, agresivo, burlón, cándido, discordante, denso, surrealista, entrañable, revolucionario, melancólico… Cualquier adjetivo se queda corto para describir un repertorio tan soberbio. «Happiness is a warm gun»«Julia», «Back in the USSR», «Helter Skelter», «Sexy Sadie», «Blackbird», «While my guitar gently weeps», «I’m so tired» o «Revolution» son piezas que por sí solas hubieran constituido un éxito seguro en cualquier grupo contemporáneo de los Beatles y que aquí, en el Disco blanco, se ofrecen todas juntas, en una descarga apabullante, sin posibilidad de pararse a apreciar su esplendor. Se hace obligatorio, por tanto, detenerse en ellas sin prisas, para degustarlas como se merecen. Sin prejuicios ni fanatismos, simplemente escuchando —como diría Lennon— a «cuatro tipos que hacen rock». Sin más.
Como los Beatles no están en Spotify, la posibilidad de escuchar el Disco blanco entero pasa por Youtube. En todo caso, desgranaremos uno a uno los temas.
DISCO 1: de las chicas ucranianas a la criatura del océano
Back in the USSR
Despegamos. Crescendo. Sonido de aviones, un piano atronador, guitarras eléctricas y McCartney haciendo de McCartney, con una de las mejores interpretaciones vocales del disco. El tema se basa en el «Back in the USA» de Chuck Berry. La historia de un espía que ha pasado mucho tiempo en América y regresa a la Unión Soviética. Moscovitas, ucranianas, de Georgia… todas le vuelven loco. Coros a lo Beach Boys y un rock ’n’ rollestilo años cincuenta. Esta es la sesión donde Ringo dejó temporalmente el grupo. McCartney le reemplaza a la batería. Un comienzo a la altura de lo que está por llegar.
Dear Prudence
El sonido de avión se funde con el hipnótico arpegio de Lennon. La envolvente guitarra rememora el misticismo de la India, una dulce canción de cuna para alguien atormentado. Profundamente evocadora, invita a experimentar, a salir del armazón, a buscar respuestas, o a hacerse preguntas. John Lennon la escribió paraPrudence, hermana de la actriz Mia Farrow, que, hipersensibilizada por tanta meditación, había quedado recluida en su cabaña, presa de las alucinaciones. La guitarra final de George Harrison, con los redobles de Ringo, culminan la exhortación.
The walrus was Paul. Significados ocultos, autorreferencias, aleatoriedad aparente. Lennon se mofa de esas historias del «Paul ha muerto» y de la crítica, siempre buscando dobles sentidos a sus letras, con esta ristra de juegos de palabras y eufemismos. Respuesta cínica y un tanto huraña. La estupidez de la interpretación literal. A reseñar el bajo fuzz o distorsionado de McCartney que ensambla el tema y el arreglo de cuerdas.
Puede parecer una broma, o una canción insulsa. Pero no, suena a lo que es: un tema alegre, desenfadado, divertido y pegadizo. McCartney pretendía hacer música reggae jamaicana. Quién sabe si no es el primer intento de reggae blanco. Lennon odiaba la canción. La sesión fue una de las más largas, casi tres días. El perfeccionismo de McCartney acabó con la paciencia de todos, incluido el ingeniero Geoff Emerick, que abandonó las sesiones del Disco blanco. Posiblemente sea el tema más comercial del disco.
Apenas un minuto de transición bizarra que suena como un alambre que se destensa. Una de esas piezas misteriosas que dan el aroma especial al Disco blanco. McCartney se basó en un canto hindú y fue introducida en el disco gracias a la fascinación que le causaba a Pattie Boyd, la mujer por entonces de George Harrison.
Tras una curiosa guitarra de reminiscencias flamencas empieza el cuento de un chico que está en el campo meditando y se toma un descanso para cazar unos tigres. El personaje de Bungalow Bill es una mezcla de Jungle Jim con Buffalo Bill. En esta ocasión, Lennon se pone didáctico para transmitirnos esta fábula espontánea de aires folk. Yoko Ono debuta como cantante con la desafinada línea not when he looks so fierce. Participan en los coros y silbidos todos los que estaban en los estudios Abbey Road en ese momento.
While my guitar gently weeps
Una de las obras maestras de George Harrison. El mundo cambia mientras mi guitarra llora dulcemente. La letra esconde un concepto oriental de que todo es relativo a lo demás. En un principio, George la grabó tan solo con guitarra acústica y voz. No le convencía. Una noche, en el coche con su amigo Eric Clapton, le propuso participar. Hay quien ve un cierto preludio hard-rock en los punteos de Clapton. Otros se decantan más por elfeeling del blues. El caso es que recrea a la perfección esos llantos de guitarra que pide la canción. Es el primer tema grabado en un ocho pistas en el Reino Unido.
Happinness is a warm gun
Con casi total seguridad, «Happinnes is a warm gun» nunca saldrá en ningún ranking de los temas más populares de los Beatles, ni de los números uno. Sin embargo, representa la quintaesencia de John Lennon como compositor. Un poema surrealista, un collage hecho a base de imágenes oscuras y desconcertantes, inspirado en un anuncio de armas en la prensa. La felicidad es un arma caliente, recién disparada. Tres canciones en una magistralmente hilvanadas: intro folk en acordes menores, sección blusera en 3/8 y una emotiva conclusión doo-woop en la que los cuatro Beatles cantan al unísono el coro. McCartney siempre confesó que era una de sus favoritas del disco. Los grupos de rock independiente de los noventa tienen esta parte del disco rayada de tanto escucharla. Sin duda, uno de los momentos álgidos del Disco blanco.
La intro de piano tan característica nos recuerda que estamos ante otra canción de McCartney. Bien construida, muestra la versatilidad compositiva de su autor, mucho más amplia que la de Lennon. Según el propio McCartney, él nunca componía con una idea preconcebida, sino que las letras iban surgiendo a medida de la música. Y Macca se acordó de su perra Martha. No hay que hacer análisis sesudos ni dobles interpretaciones. Es simplemente Paul McCartney cantándole a su perra.
I’m so tired
Con la misma soltura que McCarntey homenajea a su mascota, Lennon refleja sus dudas existenciales. Una noche en la India, superado por las circunstancias de su agonizante matrimonio con Cynthia y cansado de la meditación, compuso «I’m so tired». Un indolente balanceo musical, apoyado por la cambiante voz de Lennon, va desgranando la temporalidad para convertirla de sueño a rabia. Excelente juego de contrastes. Con este tema se inaugura la parte sutil y delicada del Disco blanco.
Blackbird
Ensoñadora y luminiscente balada acústica de McCartney, interpretada a guitarra y voz, bella en su sencillez y concepto. Paul quería un sonido natural, por eso la grabó en las afueras de Abbey Road, sentado en un taburete, durante una tarde de verano. Algunos de los cantos de gorriones que le acompañaron en la toma quedaron inmortalizados en la grabación.
Un clavicordio y sonidos de cerditos introducen esta fábula de apariencia infantil y bienintencionada de George Harrison, pero que esconde una interesante sátira social sobre la glotonería burguesa. Para algunos pone fin al Verano del Amor. Frases como «lo que necesitan es una buena paliza» parecen certificarlo.
Rocky Raccoon
Cuando se sentaban a componer en la India, después de la meditación, en muchas ocasiones les daba por jugar con los estilos. En este caso McCartney lo hace con el country and western para recrear la historia de un vaquero de las remotas montañas de Dakota. En la parte central, marca de la casa, vira hacia un enérgico ritmo de pianohonky-tonk. La reseña del Disco blanco de Rolling Stone en 1968 habla de una referencia en esta canción a losMound City Blue Blowers.
La primera composición de Ringo Starr para los Beatles llega en el antepenúltimo disco de la banda y es tan elocuente que sobra cualquier interpretación: «no pases de mí». Podría reflejar su estado anímico del momento pero parece ser que se trata de una melodía de despecho que llevaba años rondándole la cabeza. Como Ringo sabía apenas tres acordes al piano, la hace realidad con la ayuda de McCartney. Supone un tierno contrapunto a las cargas intelectuales de sus compañeros. Siguiendo con el aire western de «Rocky Racoon», un violínbluegrass embellece las melodías.
Otra vez McCartney haciendo de las suyas en este pianístico rock clásico, directo y sin concesiones. Aunque se ha dicho que representa el ideal de amor libre de los años sesenta y el lado salvaje de Paul, la realidad es más prosaica: está inspirado en dos monos haciendo el amor en la carretera que vio durante el viaje a la India. McCartney grabó esta canción de extranjis en el estudio 1 de Abbey Road, con la única ayuda de Ringo a la batería, mientras Lennon y Harrison supervisaban unas mezclas en el estudio 2.
I will
Durante la etapa de los Beatles en Hamburgo, el público, harto del ruido, les pedía estilos más calmados como mambos o rumbas. Este conmovedor medio tiempo es una herencia de aquello. Está considerada como la bossanova de McCartney; de hecho, confesó en una entrevista que era su «Girl from Ipanema». El bajo que suena no está tocado por ningún instrumento, fue el propio McCartney quien lo hizo con la voz.
Julia
Sonrisa de vientoojos de concha marinaarena dormidanube silenciosa… Estamos con total seguridad ante la canción más emotiva jamás compuesta a una madre. Es difícil no estremecerse al escuchar la susurrante voz de Lennon entre el océano de metáforas e imágenes tiernas que sugiere la canción. La nana que nunca pudo oír:Julia Stanley murió en un accidente de tráfico en 1958 cuando él era solo un adolescente. Se ha analizado, desde un punto de vista psicológico, como la superación del dolor por esa muerte al encontrar a Yoko Ono. Yokoen japonés significa «criatura del océano» (ocean child). La canción que cierra el disco 1 fue también la última en grabarse para las sesiones del Disco blanco.
DISCO 2: cumpleaños, revolución y buenas noches
Superada la melancolía de Julia, iniciamos la segunda parte con este rock enérgico de Paul McCarntey, bajo una típica estructura de blues, que bien podría haber tocado Jimi Hendrix o los Cream de Eric Clapton. De los pocos momentos del Disco blanco en que los Beatles suenan realmente como una banda de rock. El tema surgió y fue grabado en una tarde. Otra de las favoritas de Macca porque es «sencillamente un tema para bailar y disfrutar».
Yer blues
Otro blues, esta vez de Lennon, más pesado y sucio que el de McCartney, cercano a ese blues blanco de John Mayall o Fleetwood Mac. Para oídos curiosos, a partir del 3:17 se aprecia un pinchazo descarado en la cinta, tras el cual se oyen las voces de Lennon con el micro apagado.
Escrita en la India tras una charla del Maharishi, esta bucólica balada de McCartney respira paz y sencillez. Otra muestra más de la fascinación por el finger-picking.
Everybody’s got something to hide except me and my monkey
Ruidosa y alocada, cualquiera diría que estamos ante el mismo grupo que cantaba «Love me do» o «I want to hold your hand». Los Beatles, y Lennon en concreto, reinventándose a sí mismos. Una canción subversiva y de espíritu punk que fue compuesta en un momento en el que Lennon estaba bastante enganchado al ácido. La letra juega con dobles sentidos y la ambigüedad, por ejemplo en el uso de la palabra come («correrse» y «venir» en inglés). Durante la grabación, John Lennon y George Harrison tenían los amplificadores de guitarra tan altos que Paul McCartney desistió de competir con ellos con el bajo y se dedicó a tocar el cencerro, que puede apreciarse en todo el tema. Posteriormente añadiría el bajo en otra pista.
Hasta los gurús espirituales tienen su parte perversa. «Sexy Sadie» nace del desencanto de Jonh Lennon por la figura del Maharishi. De hecho, ese era su título original cuando la compuso en las últimas horas de su estancia en la India. Se dice que el líder religioso se mostraba especialmente cercano con las mujeres y en una de las charlas intentó abusar de una de ellas. «Sexy Sadie, ¿qué has hecho?, te burlaste de todo el mundo, rompiste las reglas». La letra de Lennon no admite, esta vez, ninguna sobreinterpretación.
Helter Skelter
El sonido de la destrucción. Paul McCartney quería que fuera la canción más atronadora de la historia de la música y quitarse esa fama de baladista. Para la época, puede que lo consiguiera. En algún momento habría que analizar con calma la influencia de los Beatles y canciones como estas en el surgimiento del punk, el hard-rock y el heavy. No obstante es una de las canciones más versionadas del grupo. El título viene de un tipo de tobogán en espiral característico de los parques de atracciones ingleses. El lado oscuro de la canción es que fue utilizada por el asesino en serie Charles Manson como banda sonora de sus atrocidades.
Una pieza mística y reposada que desprende un dulce sabor susurrante. George Harrison se mueve como pez en el agua en este tipo de medios tiempos.
La llamada a la movilización. La cara D final del Disco blanco se inaugura con la versión blusera de uno de los temas más icónicos de John Lennon. Para el single que saldría como cara B de «Hey Jude», la canción se aceleró y electrificó a petición de McCartney. Aunque con toda probabilidad sea una de sus letras más recordadas, trajo algunos problemas por las implicaciones políticas que conllevaba. Lennon pensaba que la expresión era más importante que la forma aunque eso le pudiera llevar a una cierta incongruencia. Por ejemplo, una de las frases más polémicas fue «but when you talk about destruction don’t you know that you can count me out». Lennon cambió la preposición «out» por «in» para hacer ver que sí podían contar con él para la destrucción.
Honey Pie
El padre de McCartney tocaba la trompeta y en casa había un piano. Los sábados por la tarde la familia McCartney se reunía alrededor de ese piano para escuchar tocar al patriarca viejos éxitos de jazzHoney Pie es un precioso viaje al pasado, una acertada recreación del sonido de las orquestas de los años veinte y treinta. A McCartney le hubiera gustado ser como uno de esos compositores. Otra muestra más de su increíble capacidad para saltar de un estilo a otro. El esqueleto armónico no tiene nada que envidiar a un estándar de jazz. A Lennon le parecía un pastiche horrible; sin embargo, ejecuta un solo de guitarra que, si bien no es técnicamente preciso, sí resulta estilísticamente auténtico. George Martin escribió un arreglo de viento que encaja a la perfección con el aroma del tema.
Savoy truffle
Una retahíla de sabores, tipos de bombones y productos de pastelería se convierten en una descarga soul que recuerda al sonido Motown, sobre todo por la progresión de acordes y el poderoso arreglo de vientos. George Harrison la compuso pensando en su amigo Eric Clapton y su afición a los dulces. En la sección de saxos están algunos de los mejores músicos de jazz del Reino Unido de la época. Atención a una de las líneas de bajo de McCartney más inspiradas de toda su trayectoria.
Cry by cry
A punto de acabar el disco, Lennon nos regala otra de sus fábulas de fantasía y nostalgia que tiene como punto de partida un anuncio de televisión que decía Cry baby cry, make your mother buy («llora, niña, llora, haz que tu madre compre»). Lennon, hábilmente, sustituye el buy por el poético sigh («suspirar»). Historias de reyes, duques y palacios imaginarios para otra propuesta intimista e inspiradora. El tema se enlaza con la enigmática «Can you take me back», una breve pista oculta de McCartney grabada después de la sesión de «I will», que sugiere una regresión a la infancia.
«La aventura aleatoria más extremada de los Beatles, este ejercicio de libre asociación sonora de ocho minutos es el artefacto de vanguardia más propagado de la historia», según definiría Ian MacDonal en su libro The Beatles: Revolución en la mente. Sin duda se trata de un experimento tan cercano al azar como al collage sónico. Una especie de surrealista relato sonoro donde una monótona voz repite constantemente el número nueve. Lennon y Yoko Ono son los artífices principales de la selección de loops encadenados. Paul, por expreso deseo de John, no participó en la elaboración.
John Lennon haciendo de McCartney para cerrar el Disco blanco con una melosa balada interpretada por Ringo y arreglada pomposamente por George Martin. «Good night, sleep tight». Una canción de cuna —otra más— dedicada esta vez a su hijo Julian, donde muestra su lado más suave y sensible.
Y bien, después de treinta razones de peso que hablan por sí solas, poco queda ya por decir. A lo sumo sugerir algunas situaciones: para antes de dormir, para levantarse de la cama, para conducir, para pasear, para iniciar una revolución, para estar sentado en el sofá sin hacer nada, para un viaje en tren, para un viaje a la India, para una deprimente tarde lluviosa de otoño, para una esperanzadora tarde del sol primaveral, para leer Jot Down, para limpiar la casa, para cocinar, para meditar, para soñar, para hacer el amor…Son múltiples las opciones. Bien merece la pena dedicar una hora y media escasa de nuestras ajetreadas vidas a escuchar entero el Disco blanco, quizá el mejor disco jamás concebido por los Beatles. Aunque, un momento, ahora que lo pienso: no hemos hablado del Abbey Road. En otra ocasión, tal vez…
Creía que estaba pintando con sonido un cuadro sobre la revolución, pero cometí un error: se trataba de una antirrevolución (John Lennon).

The Beatles-The Beatles (White Album) (2009... por AceVideos

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