Sinatra


Frank Sinatra: 'Nunca volveré a ese maldito país'

  • Todas sus visitas a España estuvieron marcadas por la fatalidad.

  • Francico Reyero recrea en un libro cómo se sintió despreciado.

     
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Por sus primeras actuaciones a Frank Sinatra le pagaban con un par de cajetillas de tabaco. Aquel muchacho que veía los rascacielos de Nueva York desde Hoboken se convirtió en un atractivo joven que en poco tiempo pasó de cantante de orquesta a ídolo de masas. Aunque él estaba casado, la muchachada se desmayaba en sus conciertos en Broadway. Su cotización se disparó. Le llegaron propuestas desde Hollywood y el cantante se mudó con su mujer (y dos niños) a Los Ángeles para desarrollar una carrera paralela como actor.
Allí conoció a Ava Gardner, que llevaba una vida desbocada entre rodajes, estrenos y fiestas. Mickey Rooney dijo de ella al separarse que "bebía champán como si fuera Coca-Cola". Era una veinteañera. Frank Sinatra tenía 34 años y había cambiado. "Era un hombreansioso, esquivo, indisciplinado y soberbio", como le describe Francisco Reyero en Sinatra. 'Nunca volveré a ese maldito país', que aborda su vida, centrándose en sus viajes a España, donde llegó persiguiendo a Ava, a la que se enganchó mientras su carrera como actor se despeñaba. Las infidelidades del astro copaban las columnas de cotilleo hollywoodiense de Louella Parsons.
Una hemorragia de las cuerdas vocales le obligó a dejar de cantar durante varias semanas. Saltándose las recomendaciones médicas, Sinatra viajó a la España de Franco buscando a Gardner. Era mayo de 1950 cuando Sinatra aterrizó en Barcelona. Negó a los reporteros que le abordaron en el aeropuerto que viajara por Ava. Ella rodaba en la Costa Brava Pandora y el holandés errante después de haber viajado a Sevilla con el NO-DO a cuestas para filmarla tocando las castañuelas. La actriz daba la réplica en la película al torero Mario Cabré, con el que tuvo un 'affaire'. Sinatra estaba al tanto por la prensa americana. "Mario era apuesto y viril, pero también presuntuoso. Escribió los poemas de amor más idiotas que se puedan imaginar", sentenció ella en sus memorias.
Mario Cabré y Ava Gardner en la plaza de toros de Gerona. 
A finales de 1950, el departamento de publicidad de la Metro-Goldwyn-Mayer enviaba a la semana unos 3.000 retratos de Ava Gardner, firmados por un equipo que trabajaba para imitar su autógrafo. Obsesionado con ella, Frank Sinatra se divorció de su mujer y le pidió matrimonio. "El brillo cegador que les rodeaba dejaba de fondo los miedos, las inseguridades y las carencias de ambos", sostiene Reyero. Sin haber cumplido 30 años, Ava se enfrentó a su tercera boda. Para el viaje de novios eligieron Cuba. Se alojaron en el Hotel Nacional de La Habana. En sus telegramas firmaba como Ava Sinatra. Después, él estuvo dos años en el dique seco, sin ningún éxito, mientras ella triunfaba. La vigilaba sobre el terreno en rodajes como el de Mogambo en África. El matrimonio estaba en coma por broncas en la distancia y relaciones paralelas. Frank Sinatra se volvió un maniático. "Se lavaba obsesivamente las manos, se duchaba varias veces al día y se poníabisoñés y postizos", apunta Reyero. Todo fue a peor hasta que le llegó una nueva película: De aquí a la eternidad. Le dio el Oscar al mejor actor secundario y tuvo tal éxito que recuperó su estatus. "El renacer profesional le devolvió su ego".
Fascinada con España y menos agobiada por su marido, Ava lo mismo daba palmas en tablaos flamencos que apuraba las noches en Chicote, bebiendo 'scotch' y jerez seco. Allí conoció a Luis Miguel Dominguín, que triunfaba en Las Ventas, tenía una excelente relación con Franco y una voceada fama de mujeriego. Como no hablaba inglés, su amiga La China Machado hizo de intérprete en su primer encuentro.
La Metro anunció la separación de Sinatra y Gardner tras dos años casados. Él intentó la reconciliación, sabiendo que competía por segunda vez con un matador, y no dudó en viajar de nuevo a España. Ella vivía salvajemente y conocía a todo el mundo. "En España me siento cómoda y feliz y ni por un minuto me considero extranjera", declaraba. Frank trató de amoldarse en su visita a Madrid y fue con Ava de Chicote a Pasapoga, donde bailó con Lola Flores. Acabaron en Villa Rosa.
Fernando Fernán Gómez recuerda esa noche en El tiempo amarillo. Le impresionó descubrir a Frank y Ava con La Faraona y Luis Miguel Dominguín compartiendo mesa. «Me atreví a tocar delicadamente, en escasísimos segundos, con las yemas de los dedos de mi mano derecha, la piel del hombro desnudo de Ava Gardner. En lo que duró la religiosa caricia, sus bellísimos ojos me miraron con absoluta inexpresividad».
Gardner y Sinatra en Chicote. E.M.
Entonces era "El animal más bello del mundo", invención del departamento de publicidad de la 'major' para promocionar La condesa descalza. Ava decidió vivir en España. En 1955 se instaló en el Hotel Castellana Hilton. Tenía una suite asignada. "Ella siempre salía con gafas de sol y una sonrisa en los labios", recuerdan los botones en el libro de Reyero. Intentó aprender español, pero se dedicó a beber 'dry martinis' con su profesor. "Necesitaba que la cubitera se repusiera tres veces al día".
Paralelamente, se multiplicaron las grabaciones y los papeles protagonistas de Sinatra, nominado al Oscar al mejor actor por El hombre del brazo de oro de Otto Preminger. Aunque había mostrado públicamente su rechazo al régimen de Franco, aceptó una propuesta para rodar tres meses en España Orgullo y pasión junto a Cary Grant y Sophia Loren, sabiendo que Ava Gardner vivía en Madrid.
Perico Vidal, ayudante de producción, hablaba inglés y pronto compadreó con Sinatra. "Fue guía y terapeuta para la volcánica personalidad del artista. Su cicerone diurno y nocturno", recuerda Francisco Reyero, que cuenta para el libro con testimonios como el de Gil Parrondo. "Sinatra era un ególatra, de trato difícil, menos para los camareros a los que marcaba el paso dándoles 100 pesetas de propina", descubre el director artístico.
En aquella época a Sinatra se le relacionó con Lauren Bacall, Kim Novak y muchas otras mujeres. Tras sus discos legendarios en Capitol, fundó Reprise, su propia compañía. Hizo un tour mundial quele trajo a España por cuarta vez. Recaudaba fondos destinados a los niños con problemas.
Su quinto viaje fue en 1956, para rodar El coronel Von Ryan en Málaga, fue fatídico, otra vez. Llegó con mal pie, cargado de exigencias. Pidió un helicóptero para desplazarse, pero solo lo usó un día. Tuvo un episodio violento en el hotel en el que se alojaba: el mítico Pez Espada de Torremolinos. Un sitio que era referencia del 'dolce far niente'. Sinatra tuvo un enfrentamiento en su restaurante con un fotógrafo y una buscavidas. Le molestaron. Una copa voló por los aires. Se armó el escándalo. La dirección del hotel informó al responsable gubernamental de Seguridad. La Voz tuvo que declarar y al ver una foto de Franco lanzó exabruptos al dictador. Los productores temieron que se suspendiera el rodaje de la película. El actor y cantante se encerró en su habitación y pidió implicar al embajador de Estados Unidos.
La sangre no llegó al río y pudo cumplir con su parte en el rodaje. Después tuvo que ir a declarar a la comisaría de Málaga. Tras reconocer el incidente, fue multado por desacato y alteración del orden público. Pagó una sanción de 25.000 pesetas. Al marcharse, vigilado por la policía militar en el aeropuerto, se le atribuye la frase "Ill never go back to that fucking country again" ("Nunca volveré a ese maldito país"). De nuevo se había sentido despreciado en España. Sin embargo, con Franco ya muerto, Sinatra regresó en 1986 para actuar en el Santiago Bernabéu. "Arsenio Marcos empeñó hasta la camisa por traerle", dice Reyero. Fue un desastre. Al no llenar el estadio, acabaron regalando entradas a policías y militares de Torrejón de Ardoz. Y en 1992 volvió a la Barcelona olímpica con su Diamond Jubilee Tour. Entonces era un Sinatra crepuscular.

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