Euskadi fascinaba a los nazis

Los nazis querían otorgar la independencia a Euskadi


Plato alemán con una escena de cesta punta.

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   Los rasgos arios de los vascos encandilaron a los jerarcas de Hitler, que pretendían crear una Europa racialmente pura articulada en etnias y no en estados
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·         ANJE RIBERA | 13 julio 201518:28


Euskadi fascinaba a los nazis. La obsesión por la pureza de la raza que caracterizó al régimen de Adolf Hitler depositó su mirada en los vascos, a su entender uno de los pueblos europeos menos contaminados gracias a su aislamiento. El Tercer Reich consideraba que nuestra tierra podría constituir uno de los pilares sobre los que sustentar su sueño de generar una nueva organización territorial para el Viejo Continente, en la que también estarían incluidas otras etnias como la catalana, la bretona, la escocesa, la valona, la flamenca, la gallega o la irlandesa, según recogen diferentes documentos que estaban en poder de los aliados y que, tras ser desclasificados, son ya analizados por historiadores.
Sobre todo, eran el idioma y la cultura del País Vasco los factores que atraían a la jerarquía nazi, que trató de desarrollar un proyecto diseñado en los laboratorios del Instituto Geopolítico Alemán y que preveía la independencia de Euskadi una vez que las tropas germanas dominaran todo el territorio europeo. Los estrategas nazis elucubraron sobre la estructura del continente bastante antes de que las botas de la Wehrmacht consiguieran dejar su huella en todos los países que lo integraban.
Euskadi era para Berlín un espejo en el que mirarse. Hasta recogió la vieja reivindicación nacionalista para que el nuevo mapa contemplara, asimismo, territorios que consideraba perdidos a lo largo de la historia. Se refería a comarcas que se encontraban bajo administración francesa, con las que se erigiría una nueva nación para los vascos y, al mismo tiempo, no sólo rompería la integridad del Estado galo, sino que también crearía una cuña entre los gobiernos de París y Madrid.

Soldados nazis en San Sebastián.

Según testimonios documentales, los estrategas nazis llegaron a realizar numerosos pasos para llevar a cabo su plan. Fueron maniobras oscuras que se desarrollaron en 1940 y 1941, una vez finalizada la Guerra Civil española, pero con la contienda mundial aún en curso, pese a que la maquinaria bélica francesa ya había sido eliminada con la misma facilidad con la que se tumba un castillo de naipes.


Ello impulsó a los nazis a cargarse de euforia con respecto al proyecto.
Para ello tomaron contacto con vascos exiliados en territorio galo. Los agentes del Tercer Reich buscaban un apoyo moral entre la oposición a Franco de todas las tendencias, aunque finalmente centraron su interés en gentes cercanas al PNV y propicia a escuchar los cantos alemanes, una verdad que a menudo ha ofendido a los jeltzales. Defienden los actuales rectores del partido creado por Sabino Arana que, si se negoció con Alemania, fue para obtener información que pudiera ayudar a los aliados.
Ese nuevo País Vasco independiente hubiera funcionado bajo la tutela alemana, aunque con la dirección de unos políticos obnubilados por las glorias momentáneas del Ejército nazi y que vieron en este proyecto la solución anhelada de, por fin, liberarse del yugo español reforzado con el triunfo de Franco. No importaba que la independencia llegara de la mano de otro totalitarismo.
Los políticos nacionalistas que se unieron a la iniciativa germánica consideraban que había que obtener la libertad nacional fuera como fuera y viniera de donde viniera. Confiaban en que los alemanes, más adelante, se adaptarían a la manera de ser y querer del pueblo vasco.

El ideólogo
El interés del régimen de Berlín por los vascos surgió inicialmente en la mente de Werner Best, más adelante responsable de la llamada 'solución final' para acabar con los judíos. Este oficial de las SS estimaba que los estados no pasaban de ser creaciones artificiales carentes de fuerza. Contra ello, defendía la condición natural de las etnias, únicos elementos capaces de constituir una Europa sana en la que las fronteras serían sustituidas por la pureza racial.
Para él, el ejemplo vasco era de tal entidad que encargó la confección de un informe de la situación cultural y política en el territorio. La conclusión del estudio fue clara: la vasca era una sociedad de total fiabilidad y, por tanto, susceptible de formar parte de la hipotética Europa ideal del argumentario nazi.
Best incluso envió a Euskadi al realizador Herbert Brieger para que filmara un documental etnográfico que tuviera como protagonistas a nuestros antepasados. El producto que surgió de aquel viaje se tituló 'Im lande der Basken' (En la tierra de los vascos), que hoy finalmente se puede ver después de pasar medio siglo en paradero desconocido.
La voz en off afirma: "¿De dónde viene esta gente? Nadie lo sabe. Puede que provengan de los constructores de la Torre de Babel, de los fenicios, de los habitantes del mar Atlántico, de los fineses o los mongoles... Sin embargo, la teoría más extendida es que son descendientes de los íberos". Doce minutos entrañables en los que no se muestran ciudades, sino mucho campo, remarcando el carácter rural de nuestra tierra. Eran también abundantes los lauburus, entonces muy parecidos a las esvásticas.
Las imágenes de la Vasconia idílica encandilaron a los jerarcas del Tercer Reich. De inmediato, Ulrich Friedrich Wilhelm Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores de la Alemania nazi, otorgó poderes a Best y a Karl Bouda, otro experto en asuntos raciales, para estudiar la viabilidad de ampararse en criterios de diferenciación racial y conseguir que los vascos pudieran separarse tanto de Francia como de España.
El Gobierno vasco en el exilio, pese a haber mostrado en repetidas ocasiones su rotunda inclinación por el bando aliado "porque no se podía permitir que aquellos que habían bombardeado Gernika dominaran el continente", abrió pronto sus oídos a la idea. El entonces lehendakari, José Antonio Aguirre, autorizó a destacados dirigentes del PNV para que sondearan el escenario a través de contactos con los alemanes.
Es más, la dirección jeltzale hizo llegar a Berlín un documento que transmitía a los aliados del régimen de Franco que "a Alemania le interesa la pacificación de España y no puede escapar a su recto sentido que no hay pacificación posible sin una solución favorable a los vascos. Nacionalistas vascos, se entiende".
El PNV de 1941 llegó a señalar que creía en "el talento político y en el alto espíritu de comprensión" del Führer para que "el problema vasco sea tenido en cuenta"El Euzkadi buru batzar de la época, que ya antes había insinuado al mando aliado sus ansias independentistas, señaló en un informe de 1941 que creía en "el talento político del Führer, en su sagacidad, en su alto espíritu de comprensión" para que "en el nuevo orden a establecer en Europa, y particularmente en España, el problema vasco sea tenido en cuenta". Incluso los jeltzales llegaron a redactar un proyecto de estatuto para unificar la región de la Vasconia insertada en la Europa nazi, gracias a un estatus especial bajo el paraguas protector de los que se suponía serían los nuevos dueños de Europa.
También el sindicato jeltzale ELA-STV se posicionó al señalar que el régimen de Hitler era "un totalitarismo culto, frente al soviético", que calificó de "grosero y criminal. Euskadi y Alemania están condenadas a entenderse", añadió.
Las loas de Aguirre
El propio Aguirre, que gracias a un pasaporte falso realizó un viaje por Alemania en su ruta hacia el exilio en Sudamérica, se mostró cercano al régimen de Berlín. Algunas fuentes dicen que, sin éxito, allí intentó ser recibido por el almirante Wilhelm Canaris y por el propio Von Ribbentrop.
En su diario, conservado en la biblioteca del Congreso de Estados Unidos desde 1954, el primer lehendakari vasco escribía por aquella época la frase "cómo se equivocan los que juzgan la obra de Hitler". Mostraba su simpatía hacia el régimen nacionalsocialista con descripciones de su estancia en la capital teutona. "He visto pasar al ministro de Exteriores japonés Matsuoka, precedido y seguido de gran acompañamiento. Iba con él el general Oshima".
"He llegado hasta la cancillería, donde un numeroso público esperaba la salida de Hitler y del ministro japonés después de su entrevista. Ha durado dos horas y media. He esperado, firme en pie, con intenso frío, el momento. Salen al fin Hitler, Van Ribbentrop y Oshima. Yo estaba a 50 metros. Tenía en mi mano unas banderolas nazis y japonesas que nos han repartido gentilmente unos miembros de las SS. He disfrutado mucho".



JOSÉ ANTONIO AGUIRRE

Primer lehendakari de la historia, desde 1936 hasta 1960

Cómo se equivocan los que juzgan la obra de Hitler"

La benevolencia de Aguirre hacia ciertas actuaciones del Tercer Reich quedó también reflejada en otros escritos. "Se podrá no compartir sus ideas, pero se comprende bien que ciertos procedimientos de gobierno sean necesarios en algunos países tumultuarios".
Sin embargo, aquellas reuniones nunca llegaron a plasmarse en un acuerdo, porque la cúpula del PNV finalmente las desautorizó cuando comenzaron a conocerse en el bando aliado y en el régimen que surgió de la Guerra Civil española.
Muchos años después, cuando al PNV se le criticó su estrategia, algunos de sus dirigentes reconocieron el error, pero lo justificaron porque "había que jugar a ganador alguna vez" y porque "existía cierta esperanza de que los nazis nos apoyaran frente a Franco".
Además, la apuesta por los nazis hubiera resultado perdedora. La condición indispensable para que el plan fructificara era que los alemanes se impusieran en la guerra, pero esa premisa fue, precisamente, la que al final falló.
Para los interesados en profundizar en la historia que se ha tratado de desarrollar más atrás cabe recomendar el documental 'Una esvástica sobre el Bidasoa', que toca tangencialmente el plan nazi para el País Vasco. Fue dirigido por Alfonso Andrés y Javier Barajas en 2013, con la coproducción de Televisión Española.


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