Teresa Busto

TERESA BUSTO

“El lujo también está en una tortilla de patatas bien hecha”

JON MUJIKA - Domingo, 12 de Julio de 2015 - Actualizado a las 06:04h
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  • Teresa Busto entre algunas de sus fabulosas creaciones.
BILBAO - La inquietud artística le ha perseguido toda su vida hasta que hace ocho años lanzó su apuesta: volcar su creatividad en el diseño, corte y confección, enfocados hacia el mundo de la moda de altos vuelos. La apuesta de la diseñadora bilbaina Teresa Busto apunta al corazón de la diana del lujo, un camino tan duro como hermoso que le lleva a uno de sus grandes objetivos: cambiar el mundo. El desafío es mayúsculo, pero basta con oírla para saber que ese reto está ahí, al alcance de su creativa mano.
Cambiar el mundo: menudo órdago a mayor
-Cualquiera puede conseguirlo. Si una es capaz de cambiar en sí misma y modificar el entorno que le rodea ya está heho. Si tú cambias, cambia el mundo.
Fue un ‘de repente’, con los 50 años se puso a diseñar. ¿De dónde le nació esa vocación?
-Toda mi familia ha tenido inquietudes creativas y durante muchos años fui formándome en distintas disciplinas mientras que me dedicaba a la familia. Un buen día llegué al corte y confección y vi que ahí nacía una vocación.
Diseñar es...
-Está ligado con el amor. Por eso me parece que las grandes marcas están un punto devaluadas: no puedes volcar amor en 14.000 prendas.
Usted trabaja para...
-Sobre todo para mujeres profesionales que no tienen mucho tiempo para pensar en cómo vestir. Pretendo que se olviden de lo que tienen que llevar y se centren en su vida profesional, sintiéndose siempre cómodas.
Sin embargo, fue un hombre quien le dio el espaldarazo...
-¿Lo dice por Iñaki Azkuna, verdad? Le comenté que tenía un pañuelo para él y se lo vendí. Luego tuve la suerte de que lo lució en Shanghái, lo que le dio una dimensión descomunal.
“Todas las mujeres del mundo aspiran a lo mismo: a verse guapas y delgadas con una prenda que les luzca cuando se visten”
Algo le diría...
-Tenía miedo de parecer un poco mariquita pero le quedaba muy bien.
¿Fue entonces cuando se le abrió la puerta internacional?
-Ayudó, no cabe duda.
En ese ámbito apareció Dubái, supongo que con mil y un dificultades en el camino...
-Primero peleé por ir en una misión comercial y tuve que hacer cuatro o cinco viajes más para conocer la idiosincrasia de los hombres y mujeres de aquella zona.
¿Tan difícil era?
-El hombre árabe no luce pañuelo, pero los turistas sí y la mujer aspira a lo mismo que todas las mujeres del mundo: verse guapas y delgadas. Cuando lo entendí tardé veinte minutos en convencer a los responsables de Burj Al Arab, el único hotel del mundo con siete estrellas. Soy la única vasca que vende allí.
¡Todo un lujo! Eso es, el lujo, el santo y seña de sus creaciones... ¿No es un punto elitista?
-¿Qué es el lujo? Hacer las cosas con todo el amor que puedes. Hay quien hace una tortilla de patatas de lujo y yo aplico esa filosofía incluso a la hora de emplatar un par de huevos fritos.
¿Diseñaría un pañuelo de fiestas?
-Sí, claro. Poniéndole amor e historia todo se puede. ¿Sabe por qué es rojo el pañuelico de San Fermín? Porque fue martir decapitado. Me gusta acompañar a cada diseño con una historia.
DISEÑADORA DE ESPÍRITU CREATIVO

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