Reinhard Heydrich

Así se cortó la eventual sucesión de Hitler





Así se cortó la eventual sucesión de Hitler

  • El carisma y el poder de Reinhard Heydrich, delfín del Hitler, llevó al mando aliado a diseñar un plan para su eliminación. Lo ejecutó en Praga un comando de soldados checos en el exilio y provocó una cruel represión nazi que costó la vida a cerca de cinco mil civiles






1942 supuso un punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial. Fue en este año cuando la tendencia de la contienda comenzó a cambiar. Si en 1941 los alemanes avanzaban con facilidad hacia Moscú y Japón dominaba el Pacífico, doce meses después todo empezó a ser diferente. Los disgustos llegaban ya del frente este al tropezar las tropas de la Wehrmacht en Stalingrado y también los nipones se dieron por vez primera de frente con el potencial bélico estadounidense.
Y también el tercer ejercicio de la guerra acogió un hecho que, con el paso del tiempo, se comprobó más vital de lo que en un principio se preveía. El atentado que costó la vida al vicereichsprotektor de Bohemia-Moravia, Reinhard Heydrich, supuso uno de los acontecimientos más significativos -sobre todo en los países ocupados- en la evolución del enfrentamiento armado que asoló medio mundo en el comienzo de la década de los cuarenta del pasado siglo.
La denominada 'operación Antropoide', la única con el objetivo de acabar con una de las figuras nazis que fue apoyada por el mando aliado, eliminó a uno de los más poderosos y eficientes jerarcas de la corte de Adolf Hitler. El teniente general Heydrich destacaba por su gran sentido militar, por su inteligencia y también por su crueldad y poder. Artífice, asimismo, de la 'solución final' que pretendía exterminar a los judíos, estaba llamado, según diferentes historiadores, a ser la mano derecha y eventual sucesor del Führer, incluso por delante de su jefe directo, Heinrich Himmler.





En septiembre de 1941 Himmler alejó de Berlín a Heydrich, SS y exjefe de la Gestapo, al encomendarle la labor de domesticar a los díscolos de Checoslovaquia, en sustitución del 'blando' Konstantin von Neurath. De inmediato se hizo tan popular como odiado por las represalias que dirigió contra los atentados, las huelgas y el ambiente de desestabilización que reinaban en el país anexionado.
Heydrich pronto dio muestras de su crueldad al decretar la ley marcial y ejecutar a diferentes intelectuales, acusados de inspirar a la resistencia. Incluso fusiló al primer ministro del Gobierno títere local, Alois Elias. En total, más de medio millar de personas consideradas enemigos del Tercer Reich fueron 'eliminadas' en los meses siguientes a la llegada a Praga de la 'bestia rubia'.
No obstante, por otro lado, Heydrich supo ganarse a la masa obrera checa, a la que mejoró sobremanera sus condiciones laborales a cambio de mantener una producción militar eficiente para el ejército teutón. Esto inquietó a las autoridades de Praga en el exilio, que temían que la población terminase por aceptar la ocupación. El presidente, Edvard Benes, acogido por Reino Unido, se puso en contacto con el primer ministro británico, Winston Churchill, para buscar algo que desestabilizara esta situación idílica para los nazis.
De aquel encuentro surgió el convencimiento de que había que acabar con Heydrich. Se encargó al servicio secreto británico el diseño de un plan para deshacerse del también llamado 'carnicero de Praga'. Para esta misión se entrenó a un comando de soldados checos en el exilio, que, encabezados por Jan Kubis y Josef Gabcik, fueron lanzados en paracaídas sobre su país, donde contactaron con la resistencia y con Karel Curda, tercer líder de la 'operación Antropoide', que había regresado a su tierra con anterioridad.





La preparación del atentado contra el 'virrey' checo fue minuciosa. Durante días se siguió a Heydrich para estudiar al detalle la ruta que diariamente, siempre a la misma hora, realizaba a bordo de un Mercedes descapotable desde su residencia de campo en Panensle Brezany al cuartel general instalado en la capital.
La fecha elegida fue el 27 de mayo de 1942 y el lugar, una curva cerrada situada en el barrio de Liben. Allí el vehículo del vicereichsprotektor se veía obligado a aminorar su velocidad casi por completo. Allí también se apostaron Kubis, Curda y Gabcik, encargados de perpetrar el atentado. Pero sus previsiones pronto saltaron por los aires porque Heydrich, extrañamente, no pasó por el lugar a la hora habitual. Se retrasó treinta minutos porque a última hora tuvo que firmar unos documentos imprevistos, algo que elevó los nervios del comando e incluso les llevó a barajar la suspensión. La prisa llevó al jerarca nazi a despegarse de su escolta, porque Heydrich se consideraba tan poderoso que nadie se atrevería a atentar contra él.
Sólo fue el primero de los numerosos problemas que presidieron la acción militar. El soldado encargado de disparar a Heydrich no pudo hacerlo porque se le encasquilló su arma, lo que obligó a otro de los miembros del operativo a lanzar una granada antitanque contra el vehículo, algo que no estaba previsto. Además, el chófer no se vio afectado por la explosión y comenzó a disparar contra los miembros del comando, que tuvieron que huir en bicicleta y a la carrera. En la persecución, el conductor también resultó herido durante un intercambio de disparos.
Así se cortó la eventual sucesión de Hitler
Sin embargo, pese a los contratiempos, el objetivo se logró. Porque las heridas que provocó la granada a Heydrich terminaron por matarle unos días más tarde, tras ser sometido a tres operaciones consecutivas y ser víctima de la septicemia después de infectarse su sangre con los trozos de metal y de la tapicería del vehículo que se incrustaron en su espalda. Sus males, además, se agravaron porque su insistencia en ser atendido sólo por médicos alemanes retrasó las intervenciones quirúrgicas. Murió ocho días después del atentado.
Las represalias
Como los autores del atentado no fueron capturados, el régimen nazi apostó por represaliar de inmediato a la población y por ofrecer importantes recompensas para que se produjeran delaciones. Más de diez mil ciudadanos fueron detenidos y torturados, casi millar y medio fusilados... El recinto del campo de tiro del barrio de Konylisy se convirtió en un cadalso.
Hitler decidió, además, realizar un castigo ejemplar en la pequeña localidad de Lidice, situada en las cercanías de Praga, que fue literalmente arrasada al ser acusados sus habitantes de dar cobijo a la resistencia. El 9 de junio el pueblo fue cercado y al día siguiente se procedió a fusilar a 171 hombres, mientras las mujeres fueron inicialmente encerradas en un gimnasio, para más tarde ser trasladadas al campo de concentración de Ravensbruck. Cincuenta y tres de las féminas nunca salieron de sus instalaciones. Muchos de los niños acabaron entregados a familias alemanas sin hijos. Otros, los menos, murieron en el stalag de Chemno.





Lidice fue borrada del mapa tras incendiarse todos sus edificios y encargarse a un contingente de prisioneros judíos que se deshiciera de los restos de los caídos y de sus viviendas. Una historia similar, aunque en menor medida, ocurrió dos semanas después en la aldea de Lezaky, en cuyo molino estaba situada la radio con la que el comando se comunicaba con Londres. En total, fueron asesinados cerca de 5.000 civiles como represalia al ataque a Heydrich.
La táctica no surtió efecto inicialmente, aunque más tarde uno de los implicados en la operación -Karel Curda-, al temer por la vida de su familia, se dirigió a las SS y delató a sus siete compañeros de comando, escondidos por el obispo Gezazt en la cripta de la iglesia de San Cirilo y Merodio de la capital checa.
El templo fue inmediatamente rodeado por ochocientos soldados nazis. Era el 18 de junio. Durante más de siete horas se intentó neutralizar a los autores del ataque mediante ametrallamientos, gases... Pero el comando resistió hasta que finalmente se quedó sin munición. Se suicidaron cuando los alemanes, con ayuda de los bomberos, inundaron la cripta. Curda fue recompensado con una fuerte cantidad de dinero, pero, después de la guerra, en 1947, fue juzgado por un delito de traición y ejecutado.
El atentado contra Heydrich fue fielmente recogido en 1960 por la novela 'Operación Antropoide', del escritor inglés Alan Burgess, especialista en obras biográficas e históricas. El texto fue adaptado en 1975 para elaborar el guión de la película 'Siete hombres al amanecer (Operation Daybreak)', quizá la más conocida de entre las que recogen esta página de la Segunda Guerra Mundial. Fue filmada en los escenarios reales de Praga que acogieron los acontecimientos.
Con anterioridad, concretamente en 1943, el genial Fritz Lang dio una visión inicial del ataque en 'Los verdugos también mueren', con guión del dramaturgo Bertol Brecht. El filme está destinado para un público más exigente. En Checoslovaquia también se realizó una producción local sin salida al extranjero que se tituló 'El atentado'.
En 2010 el escritor francés Laurent Binet obtuvo el Premio Goncourt, que reconocer las mejores óperas primas, por su primera novela 'HHhH', que relata de un modo personal y minucioso el asesinato del líder nazi. El título se refiere a las siglas de 'Himmlers Hirn heisst Heydrich' ('el cerebro de Himmler se llama Heydrich').
Para los aficionados a la contienda bélica que acudan a Praga, existe una ruta que visita los lugares relacionados con el atentado contra Heydrich. En la cripta de San Cirilo y Merodio aún pueden verse las huellas de los disparos. Actualmente el lugar es un museo en homenaje a los hombres que dieron su vida durante la operación. También se puede acudir a Lidice, que acoge un monumento a las víctimas.



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